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En pleno siglo XXI, la burocracia de las instituciones no siempre se encuentra informatizada o digitalizada y eso supone en muchas ocasiones una serie de retrasos imperdonables en los tiempos que corren. Por suerte, hay algunos lugares que ven la importancia del desarrollo de software a medida e invierten en ese sentido.

El Ayuntamiento de Alzira prepara para sábado un acto para celebrar la adhesión en la red de municipios de la Fundación Ramón Llull y para pedir decisión al gobierno para incorporarse al Instituto Ramon Llull, algo que sería muy sencillo con una agencia aso app.

Entrevista al alcalde de Alzira

—Aquel diálogo entre usted y el consejero Vicent Marzà fue de alto voltaje político, pero también emocional.
—Hay mucha empatía entre Vicent y yo. Nos conocemos desde hace muchos años. Hemos andado en bicicleta juntos y siempre le he tenido mucho aprecio. Diseñé ese diálogo para hacerle llegar la sensibilidad sobre la situación política del momento. Utilicé algunos libros para explicar la necesidad de valentía política y cómo se tienen que incorporar algunos elementos para avanzar.

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—El consejero se lo tomó bien.
—Le ofrecí ver mi discurso antes y me dijo que no. Creo que fue un momento en que buscaba la complicidad y la emotividad de tener a Vicent en un acto como aquel, siendo yo alcalde y él consejero. De verdad, yo creo que Vicent es el mejor consejero de Educación que hemos tenido de hace mucho tiempo. Creo que superará a Ciprià Ciscar. Es una persona muy competente.

—En esta entrevista ya habéis dicho la palabra ‘valentía’. La dijisteis también aquel día. ¿Le falta valentía al gobierno valenciano?
—Estamos prácticamente a mediados de legislatura. Creo que ya hemos demostrado, en un año y medio, que sabemos gobernar, que sabemos llevar las finanzas de los pueblos y de las ciudades y de la Generalitat, que sabemos gestionar la administración. Ahora ya toca, con los pocos recursos que tenemos, decir que nosotros haremos posible el país que soñábamos, y que ya lo haremos realidad. Tenemos que empezar. Esa es la realidad que yo quería transmitir.

—¿Se puede atribuir esta falta de valentía al hecho que haya un freno dentro del gobierno mismo?
—El hecho de formar parte de un tripartito o de una coalición obliga a ceder, a avanzar, a concretar, a acordar. Y, muchas veces, a atrasar tus posiciones. Yo lo entiendo. Pero repito que en el caso de la incorporación a Ramon Llull ya hace muchos años, desde que Escuela Valenciana, Acción Cultural, las primeras ciudades, entre las cuales Morella –donde gobernaba Ximo Puig– o Sueca –donde estaba Joan Baldoví–, se movieron, han pasado muchos años. Ahora es el momento de dar ese paso, de demostrar la sensibilidad por la estructuración cultural de la lengua común. De facilitar que la gente se encuentre arraigada en su país, en su territorio y que tenga esa proyección en todo el mundo. Creo que es una manera de dignificar aquello que Mavi Dolç quería explicarnos cuando nos reuníamos con ella a a Ramon Llull o en la UOC. Tenemos que ver que nuestro gobierno hace cosas que nosotros queríamos hace muchos años.